Pintura / ES
El Hombre en el Cruce de Caminos y el Arte de la Resistencia
Sobre el Muralismo, el Marxismo y la Pintura que Fue Destruida y Renació
- Artista
- Diego Rivera
- País
- México
- Año
- 1934

En 1933, Nelson Rockefeller le encargó a Diego Rivera pintar un mural en el vestíbulo del 30 Rockefeller Plaza en Nueva York. El tema debía ser optimista: "El Hombre en el Cruce de Caminos Mirando con Esperanza y Alta Visión la Elección de un Futuro Nuevo y Mejor". Rivera, un marxista convencido que nunca había ocultado sus ideas políticas, aceptó el encargo y procedió a pintar exactamente lo que él creía. Cuando la gente de Rockefeller notó que estaba apareciendo un retrato de Lenin en el mural, le pidieron que lo quitara. Se negó. Le pagaron sus honorarios, cubrieron el mural con lona y, en febrero de 1934, lo destruyeron por completo. La respuesta de Rivera fue repintar la obra — más grande y más desafiante — en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, bajo el nuevo título "El Hombre, Controlador del Universo".
El mural está estructurado como una elección. En su centro, un trabajador se sienta ante los controles de una gran máquina, con las manos en las palancas de la historia. De un lado, el mundo del capitalismo: guerra, violencia policial, los ricos ociosos, enfermedades propagándose por la decadencia. Del otro, el mundo del socialismo: trabajadores unidos, Lenin estrechando manos entre naciones, la promesa del trabajo colectivo y el progreso científico. A Rivera no le interesaba la sutileza. Pintaba la ideología como un arquitecto dibuja un plano — con la convicción total de que la estructura podía construirse.
Lo que hace extraordinario a este mural no es solo su política sino su historia. Un multimillonario le pagó a un marxista para decorar su edificio, y cuando el marxista pintó marxismo, el multimillonario destruyó el arte en lugar de dejarlo hablar. Rivera entendía algo esencial: que el arte en espacios públicos es una forma de poder, y que la clase dominante tolerará la disidencia en galerías pero no en vestíbulos. La destrucción del mural de Rockefeller no fue censura en el sentido habitual — fue guerra de clases con mazos.
El hecho de que Rivera simplemente lo pintara de nuevo, más grande y mejor, en su propio país, es uno de los grandes actos de desafío artístico del siglo veinte. El mural sigue en pie en el Palacio de Bellas Artes, abierto y gratuito al público. Para una exploración más profunda de las ideas marxistas que animaron la obra de Rivera, puedes leer mi artículo aquí.